Conservación, ¿lo estamos haciendo bien?

Claudia Salazar Avila

Las metas Aichi del Convenio Internacional de Biodiversidad, a la cual Perú está suscrita- aunque en algunas situaciones esto no parezca ser muy relevante y suena hasta tristemente irónico- plantean que para el 2020 al menos el 17% de aguas terrestres y continentales, y al menos el 10% de áreas costeras y marinas, especialmente aquellas de particular importancia para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos, estarán conservadas a través de una gestión efectiva y equitativa, serán ecológicamente representativas, entre otras cosas (meta 11) y que estará prevenida la pérdida de especies hoy en día amenazadas (meta 12). Sí, todo esto para el 2020. Así, gobiernos de países poderosos y también países en vías de desarrollo se comprometieron a incrementar sus esfuerzos por proteger la vida y todo lo que sustenta el buen funcionamiento de los ecosistemas en el planeta. Esto implica incrementar las áreas protegidas, la inversión en conservación y preocuparse por una gestión ambiental más eficiente.

Pero, ¿Se están cumpliendo eficientemente estas metas y, más importante, cómo están actuando los países con el fin de alcanzar sus objetivos nacionales y regionales en temas de conservación?
Estas preguntas se las hicieron un grupo de investigadores, liderado por el Dr. Oscar Venter, que el año pasado publicaron un trabajo titulado “Targeting Global Protected Area Expansion for Imperiled Biodiversity”, u Orientación Global de la Expansión de las Áreas Protegidas para la Biodiversidad en Peligro. Y entonces, ¿qué está ocurriendo? Pues sí, aparentemente estamos conservando mal.

Ilustración 1 (© 2014 Venter et al.): “Key data inputs and output map from the systematic conservation planning framework” (Venter et al., 2014).

Ilustración 1 (© 2014 Venter et al.): “Key data inputs and output map from the systematic conservation planning framework” (Venter et al., 2014).

Utilizando una gran data y reconocidas fuentes de consulta, en la investigación se reportan incoherencias entre las zonas de conservación actual y las que se planean crear en relación a las zonas donde se conoce que habitan las especies de vertebrados amenazados. En uno de los gráficos se presentan 4 mapas (Ilustración 1), el primero (A) muestra las áreas protegidas a nivel mundial; el segundo (B), la distribución de los vertebrados amenazados; el tercero (C), el costo de la agricultura en billones de dólares alrededor del mundo; y por último (D) una conjunción entre las áreas en donde se va a priorizar la conservación, las áreas de las especies clave a ser conservadas y el traslape de ambas.

Plantean una explicación: la mayoría de zonas protegidas se crean en espacios remotos y donde el costo de oportunidad de la agricultura es muy bajo, conservar cuesta y mucho. Pero no necesariamente estos lugares son importantes centros de biodiversidad, y sobretodo hábitat de las especies en peligro.

Esto se confirma al observar en la investigación que el aumento en proporción de las áreas protegidas implica un incremento abrupto de los costos monetarios sin que signifique cubrir un mayor número de especies protegidas (Ilustración 2). Por las puras.

Ilustración 2 (© 2014 Venter et al.): “The number of globally threatened vertebrates that reach our adequacy targets (black), and the agricultural opportunity cost of establishing new protected areas (red), as the proportion of global land areas protected increases above 17%” (Venter et al., 2014).

Ilustración 2 (© 2014 Venter et al.): “The number of globally threatened vertebrates that reach our adequacy targets (black), and the agricultural opportunity cost of establishing new protected areas (red), as the proportion of global land areas protected increases above 17%” (Venter et al., 2014).

Pero, si se tomaran como indicadores más importantes a las especies amenazadas y se buscara priorizar la conservación de sus hábitats, entonces la cosa se vuelve más rentable según los investigadores. En la Ilustración 3 se muestra una relación no lineal entre el costo en billones de establecer las áreas protegidas adicionales y el número de especies cubiertas en esas áreas. Como se observa, al aumentar el número de especies la tendencia es a una estabilización de los costos, los valores se vuelven más constantes.

Ilustración 3 (© 2014 Venter et al.): “Efficiency frontier between the cost of establishing additional protected areas to achieve 17% coverage and the number of species covered (Venter et al., 2014).

Ilustración 3 (© 2014 Venter et al.): “Efficiency frontier between the cost of establishing additional protected areas to achieve 17% coverage and the number of species covered (Venter et al., 2014).

Los investigadores advierten que el trabajo presenta una serie se sesgos debido principalmente a que solo han tomado en cuenta datos de distribución de vertebrados amenazados y no se han tenido en cuenta grupos clave e importantes como las plantas, y además los costos de oportunidad han estado enfocados a la agricultura y no a otras actividades humanas. De todas maneras el análisis es una aproximación interesante que nos permite observar el panorama actual de conservación a nivel mundial y predecir los futuros escenarios si es que se continúan con las mismas políticas y los gobiernos se preocupan más en cumplir metas numéricas que en generan un real impacto.

Referencia:
Venter O, Fuller RA, Segan DB, Carwardine J, Brooks T, et al. (2014) Targeting Global Protected Area Expansion for Imperiled Biodiversity. PLoS Biol 12(6):e1001891. doi: 10.1371/journal.pbio.1001891

 

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